El Maestro Olvidado que Dibujó el Nacimiento del Japón Moderno

En el mundo del grabado japonés, ukiyo-e, hay figuras célebres como Hokusai e Hiroshige que suelen acaparar toda la atención, dejando en la sombra a otros grandes maestros imprescindibles para entender la historia del arte. Uno de estos artistas fundamentales es Utagawa Kunitoshi, un cronista excepcional cuya obra resulta vital para comprender la profunda y vertiginosa transición de Japón desde el aislamiento del período Edo hacia la rápida modernización tecnológica de la era Meiji. A diferencia de muchos de sus contemporáneos, Kunitoshi no se conformó con retratar melancólicamente un mundo tradicional que se desvanecía con rapidez, sino que dedicó su inmenso talento a dibujar el futuro moderno que emergía día a día ante sus propios ojos.

Famosos lugares de Tokio Asakusa Kinryuzan.
Kunitoshi (1847-1899). 1890. Colección Bujalance

La vida de este artista, cuyo nombre real era Yamamura Seisuke, representa un verdadero rompecabezas histórico que los investigadores, ante la ausencia de una monografía dedicada a su figura, han tenido que reconstruir a partir de los escasos datos sobre su existencia, que abarcó desde el año 1847 hasta su muerte el 7 de septiembre de 1899.

Durante la era Meiji, el fuerte impacto de la llegada de la tecnología y de personas y costumbres occidentales, dio origen al género conocido como «estampas de la civilización» kaika-e. Kunitoshi brilló de manera especial en ese campo, convirtiendo sus numerosas obras en un detallado catálogo visual de la modernidad japonesa. Sus grabados documentan con precisión la nueva velocidad de los ferrocarriles, la arquitectura de las estaciones de tren, el bullicio internacional del puerto de Yokohama repleto de barcos de vapor, y los imponentes edificios de ladrillo de estilo occidental, como bancos y hoteles, que alteraban por completo el paisaje urbano tradicional. Más que simples imágenes decorativas, estas piezas funcionaban como un riguroso reportaje gráfico que enseñaba a la población local cómo era el cambio de su país. En este proceso, la perspectiva del paisaje en el ukiyo-e evolucionó desde un clásico «formato de diseño», caracterizado por vistas aplanadas y prioridades estéticas, hacia un «formato pictórico» inspirado fuertemente en la perspectiva occidental, que buscaba un registro fiel, realista y de un solo punto de vista del mundo que les rodeaba.

Museo de arte, fuente Shöjö en la segunda exposición industrial nacional. Utagawa Kunitoshi (1847-1899)
1881. Colección Bujalance

Además de su visión innovadora y documental, Kunitoshi destacó por su destreza técnica en la impresión, especialmente en el complicado uso del color púrpura. Mientras que otros famosos pintores de la escuela Utagawa, como Utagawa Sadatora, fracasaban al intentar dominar esos inestables pigmentos. El manejo del púrpura se convirtió en la principal firma artística de Kunitoshi, una técnica que desconcertaba a colegas más famosos de su misma escuela.

Gohousha no Zu.
Utagawa Kunitoshi  (1847-1899)
1889. Colección Bujalance

A pesar del injusto olvido en el que cayó posteriormente, Kunitoshi también gozó de un gran prestigio en su época. Fue un leal discípulo de Utagawa Kunisada, el gran líder del taller de grabado más prolífico del siglo XIX, y su alto estatus quedó grabado en piedra para la posteridad, ya que en el reverso del monumento conmemorativo erigido en honor a su venerable maestro, también aparece el seudónimo artístico de Kunitoshi, «Baiō Kunitoshi» (梅翁国利), inscrito junto al de los discípulos más importantes e inmortales del taller.

Cartas de un juego de iroha-garuta. Utagawa Kunitoshi (1847-1899). Colección Bujalance

Hacia el final de la era Meiji, el imparable avance de nuevas tecnologías como la fotografía y la litografía provocó el declive del ukiyo-e tradicional. Sin embargo, Kunitoshi encontró un humilde pero firme refugio creativo en las omocha-e, o «estampas de juguetes». los sencillos grabados infantiles recortables, que representaban figuras y objetos, se continuaron imprimiendo con gran éxito comercial incluso cuando los ukiyo-e desaparecían del mercado. Gracias a esta labor gráfica dedicada al entretenimiento de los niños, artistas notables como Kunitoshi, Kyōsai o Yoshitora lograron que las milenarias técnicas del grabado en madera lograran sobrevivir.