Shunkōsai Hokushū, Genio Olvidado del Grabado

Cuando pensamos en el grabado japonés, el nombre de Hokusai y su «Gran Ola» resuenan con fuerza universal. Sin embargo, la historia del arte en Edo, la actual Tokio donde residían la mayoría de los artistas, es solo una parte del relato. En Osaka, un genio llamado Shunkōsai Hokushū se convirtió en el arquitecto visual del teatro Kabuki, transformando los grabados locales, o Kamigata-e, en obras de un lujo y una intensidad psicológica sin precedentes. Descubrimos cinco revelaciones sobre este maestro, un artista que se atrevió a desafiar las convenciones y a forjar un legado inolvidable.

Actor Ichikawa Ebijuro I  representando a Shinmachi Hashi. Shunkosai Hokushu.1823. Colección Bujalance

Aunque se formó inicialmente con el maestro local Shōkōsai Hanbei, el momento decisivo en la carrera de Hokushū se produjo alrededor de 1817, cuando el ya famoso Katsushika Hokusai visitó Osaka. El encuentro fue tan profundo que, en 1818, el artista de Osaka tomó una decisión audaz: no solo cambió su nombre para incorporar el carácter «Hoku» (北) del maestro de Edo, convirtiéndose en Hokushū (北洲), sino que también comenzó a usar el sello «Yoshinoyama», una marca distintiva de Hokusai. Este gesto fue mucho más que un simple homenaje. No se trataba solo de un tributo, sino toda una declaración de intenciones: llevar el grabado de Osaka a la primera división del arte japonés.

Hokushū encabezó una rebelión artística contra la estética idealizada de Edo. Mientras los artistas de la capital representaban a los actores con una belleza estandarizada y juvenil, Hokushū no buscaba capturar la belleza, sino la verdad escénica. Con los retratos okubi-e («cabeza grande»), declaró la guerra a la belleza superficial, eliminando todo lo superfluo para centrarse en la tensión muscular del rostro y la mueca dramática (mie) del actor. Sus figuras, que a menudo desbordaban el encuadre, transmiten una sensación de poder y una presencia arrolladora, priorizando siempre la psicología sobre la estética convencional.

Actores, a la derecha  Asao Kunigoro como Hanada Motome y a la izquierda Kiriyama Monji como Atsui Kandayu
Shunkosai Hokushu. 1822. Colección Bujalance

Una de las sorpresas del arte de Hokushū fue su modelo de financiación. A diferencia de la producción en masa de Edo, sus grabados eran impulsados por los hiiki, los influyentes clubes de fans de los actores de Kabuki. Este patrocinio le dio la libertad de utilizar materiales y técnicas extremadamente costosos, normalmente reservados para ediciones privadas y exclusivas. El grabado de Osaka no era un producto de consumo rápido, sino un objeto de lujo.

Estas son algunas de las innovaciones técnicas que definen su estilo:

• Pigmentos Metálicos: Utilizaba generosamente polvos de oro, plata y cobre para proporcionar un brillo deslumbrante a los bordados de los kimonos o l destello de una espada.

• Karazuri (Gofrado): Aplicaba una técnica de impresión en relieve sin tinta para crear texturas sutiles en el papel, como la textura de la piel, visibles solo al incidir la luz.

• Papel de Lujo: Empleaba papel hōsho grueso y absorbente que permitía aplicar múltiples capas de color, logrando una saturación y profundidad cromática que era imposible de conseguir en papeles más baratos.

Actor Nakamura Utemon como Osono
Shunkosai Hokushu. 1825. Colección Bujalance

No se puede entender la obra de Hokushū sin hablar del actor Nakamura Utaemon III, la superestrella del teatro Kabuki de la época. Entre el artista y el actor existía una relación simbiótica. Utaemon III era un aclamado actor kaneru, de una versatilidad asombrosa, capaz de interpretar desde un villano a un héroe trágico. Hokushū se convirtió en el cronista visual de su legendaria carrera. En sus grabados, considerados hoy obras maestras, logró capturar la «energía feroz» de Utaemon en sus papeles más icónicos, como el del bandido Ishikawa Goemon o el del trágico guerrero Kumagai Jiro Naozane.

Actores, de derecha a izquierda.  Bando Jutaro I como Teranishi Kanshin; Arashi Horoku IV como Komurasaki; Iwai Hanshiro V como Shirai Conpachi; Matsumoto Koshiro V como Bando Chobei.
Shunkosai Hokushu. 1821. Colección Bujalance

Hokushū definió el canon del «grabado de Osaka»: lujoso, técnicamente complejo y enfocado por completo en la figura del actor. Fue un maestro prolífico cuyo discípulo más destacado, Shunbaisai Hokuei, continuaría su estilo, llevando la complejidad técnica a niveles aún más altos. Irónicamente, la misma opulencia que hizo únicas a sus obras es hoy su mayor debilidad. Los pigmentos metálicos tienden a oxidarse con el tiempo, por lo que una copia bien conservada es una rareza de valor incalculable. Hokushū murió en 1832, justo antes de que las Reformas Tempō restringieran severamente el lujo en el teatro y el grabado, marcando el fin de una época dorada.